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domingo, 29 de marzo de 2009

LAS HILANDERAS


Las Hilanderas o La fábula de Aracné representa la joven Lidia junto a la diosa Atenea, a la vez hilando y comparando sus telas. El cuadro representa la escena del mito de Aracne que se describe en el libro sexto de las Metamorfosis de Ovidio.
Velázquez divide la obra en escenas sucesivas, a la manera de aquellos cuadros medievales cuyos grupos han de “leerse” en un orden determinado, como si fuesen páginas de un libro.
Durante mucho tiempo se consideró a esta obra como un cuadro de género en el que se mostraba una jornada de trabajo en el taller de la fábrica de tapices. En primer plano vemos una sala con cinco mujeres (hilanderas) que preparan las lanas. Al fondo, detrás de ellas, y en una estancia que aparece más elevada, aparecen otras cinco mujeres ricamente vestidas, que parecen contemplar un tapiz que representa una escena mitológica.

LAS MENINAS


El nombre de las Meninas le viene porque le fue impuesto referencia a dos personajes que aparecen en él y apoyándose en la descripción que hace el pintor y escritor Antonio Palomino de Velasco (1655-1726) en su obra Museo pictórico. Cuenta el señor Palomino en esta obra que «dos damitas acompañan a la Infanta niña; son dos meninas». (Menina = portugues = paje en femenino; hijas de personajes de la nobleza que entraban en palacio como doncellas de honor de las Infantas).
La pintura se terminó en 1656 y fue muy estimada por la familia rea: los reyes entraban con frecuencia en el taller del pintor, conversaban con él y le veían trabajar. Así surgió la idea de realizar el cuadro tal y como se ve: el lugar de trabajo era una amplia sala del piso bajo del antiguo alcazar que se acopló como taller del pintor = ambiente cotidiano y familiar.

Delante de un gran lienzo aparece Velázquez de pie y con la paleta y el pincel en sus manos, en actitud de trabajo frente a unos modelos cuya identidad se conoce perfectamente. En la lejanía aparecen Felipe IV y su esposa Mariana de Austria reflejándose en un espejo que hay a la espalda del autor. Con este pequeño truco del espejo, el artista consigue que el espectador y su espacio entren en la pintura.

La Infanta Margarita es la figura principal: tiene cinco años y está acompañada de sus meninas y de otros personajes. Va vestida con el guardainfante y la basquiña gris y crema. Es la alegría de sus padres como única superviviente de los otros hijos que fueron naciendo y muriendo (se conservan de ella muchos retratos realizados por Velázquez). La Infanta ha pedido un poco de agua para beber y una menina le ofrece sobre una bandeja una vasija con agua cuando la menina inicia el gesto de reclinarse ante la real persona, gesto propio del protocolo de palacio. Otra menina está al otro lado de pie, vestida con la falda de guardainfante, en actitud también de hacer una reverencia. Hay también una enana hidrocéfala que vemos a la derecha.

REGENTES DEL ASILO DE HAARLEM


Las Regentes del Asilo de Haarlem de Fran Hals de 1664. Esta obra, junto a su pareja Los regentes del asilo de ancianos de Haarlem, es la última gran obra de Frans Hals, constituyendo los últimos ejemplos históricamente significativos de este género de los retratos colectivos o de grupo.

Cinco son las mujeres representadas: la directora del asilo y las cuatro regentes del año 1664 (Adriaentje Schouten, Marijtje Willems, Anna van Damme y Adrianana Bredenhoff).
Todas visten de negro y están retratadas sobre un fondo oscuro, en el que se entrevé una pintura que podría ser el tema del Buen Samaritano, símbolo de la caridad de las regentes.
Las damas, retratadas de manera realista, y sin concesiones, cubren sus cabezas con severas tocas. Destacan sus rostros iluminados así como las golas y los puños blancos.

LA GITANA


La Gitana de Fran Hals de 1628 es un retrato de tipos populares. Destaca el tratamiento de la figura femenina con una serie de hechos: el uso de la luz rasante en el escote, la expresión desenvuelta de la modelo, el carácter provocativo del vestido, su mirada y la boca entreabierta, lo que era insólito en un retrato femenino, ya que nunca se debía representar al personaje sonriendo, ni enseñando los dientes, por considerarse provocativo e indecente.

LA ENCAJERA


La pintura barroca de Holanda del S-XVII se aleja de los componentes característicos de la pintura italiana y española, donde ya hemos dicho que la temática es principalmente religiosa. En Holanda será un arte de temática burguesa y de interiores.
Destaca la obra de Vermeer de Delft llamada La Encajera de 1669. Es una obra típica del autor en la que retrata a un personaje ordinario en la intimidad de sus tareas cotidianas. Se trata de una joven dedicada al encaje, encorvada sobre su trabajo. Su mirada se concentra en la labor y en el movimiento de las manos, que manipulan hábilmente bobinas, alfileres e hilo. Es un tema frecuente porque representa las virtudes femeninas domésticas. Esta representación de la virtud se refuerza en la obra a través del pequeño libro cubierto por tapicería sobre la mesa. Aunque el libro no tiene rasgos que lo identifiquen, casi con seguridad es un libro de oraciones o una pequeña Biblia. La ambientación se reduce al mínimo: un cojín con hilos en el primer plano, la encajera en el segundo y un fondo monocolor.

LAS TRES GRACIAS


Las Tres Gracias de Rubens suponen el tratamiento de una obra de caracter mitológico en una sociedad en la que la representación era eminentemente religiosa.

Con el fin de acentuar la sensualidad de los cuerpos de las tres mujeres, el artista hizo que en las siluetas predominaran las líneas sinuosas.

Las tres jóvenes aparecen entrelazadas formando un pequeño círculo de manera que una de ellas da la espalda al espectador. Las mujeres, rotundas y en primer plano, están desnudas o bien cubiertas por pequeñas gasas. Se aprecia una gran delicadeza en los gestos donde estos personajes femeninos parecen que van a empezar una danza, como indican los pies retrasados.

En el fondo se observa un paisaje idílico con animales que pacen. La escena está enmarcada por una guirnalda de flores, un tronco de árbol y un cupido con el cuerno de la abundancia vertiendo agua.

Ya hemos dicho que se trata de un tema sacado de la mitología griega según la cual las tres gracias (Eufrosina, Talía y Hágale), hijas de Zeus y de la ninfa Eurymona, eran las diosas del encanto, la alegría y la belleza. Solían acompañar a los dioses del amor, Afrodita y Eros, y presidían los banquetes, las danzas y el resto de los actos sociales placenteros. Es probable que las referencias a las fuentes clásicas fuera un pretexto para realizar el estudio del cuerpo femenino desnudo, que Rubens pintó de acuerdo a los ideales estéticos de la época, pero tan lejanos de los actuales.

MAGDALENA PENITENTE


Magdalena Penitente de Pedro de Mena es una obra realizada en madera de cedro (material reservado para las obras excelentes) tratándose de una escultura finamente tallada.

Consigue comunicar el fervor religioso mediante gestos muy meditados: la mano derecha de finos dedos reposa sobre el pecho; la mano izquierda sostiene con fuerza el crucifijo, símbolo de la redención; el cuerpo ligeramente inclinado hacia delante ayuda a centrar la atención en la mirada que dirige la mujer a la cruz en busca de auxilio; en el rostro es donde cuida más los detalles: los labios resecos, la boca entreabierta, los ojos enrojecidos, las mejillas rígidas del llanto y la frente arrugada muestran el arrepentimiento de la joven Magdalena; cualquier indicio de sensualidad queda oculto bajo la túnica de palma, que esconde las formas femeninas hasta el punto de que ni siquiera de insinúan; el sobrio uso de colores más bien oscuros (ocres y marrones rojizos) llamados tierras de Sevilla, realzan la espiritualidad de la obra.

EXTASIS DE SANTA TERESA


El Barroco es el término que da nombre a una corriente artística que se desarrolla tras el Renacimiento (durante el S-XVII y principios del S-XVIII). Está cargado de una fuerte connotación negativa ya hace referencia a una perla de formas irregulares y un tanto deforme. Nace en Italia y se extiende a otros países europeos (Francia, España, Inglaterra y América). Para entender el nacimiento de este arte tenemos que tener en cuenta los siguientes aspectos: reforma protestante; Contrarreforma por medio del Concilio de Trento (al arte será el mecanismo de difusión de los valores religiosos perdidos); Monarquías absolutas; la literatura con el teatro (muchos de los personajes de los cuadros de Caravaggio parecen actores, las construcciones arquitectónicas parecen grandes escenarios teatrales diseñados como fondos para las celebraciones); las crisis políticas (la monarquía hispánica de los últimos Austrias), económicas (bancarrotas), religiosas (Guerras de religión) y los periodos de enfermedades, hambrunas, pobreza suponen un momento de decadencia e inseguridad que se refleja en el arte a través de la búsqueda de lo inestable, el dinamismo, la violencia y el tremendismo.

Esto conlleva a una sensación de pesimismo e impotencia ante una situación con la que el hombre no va a poder y le desborda.

El Extasis de Santa Teresa es una obra de Bernini ubicada en la capilla Cornaro de la iglesia de Santa María de la Victoria de Roma. Bernini une en ella arquitectura, escultura y pintura para formar un verdadero espacio escenográfico (no es posible separar el marco arquitectónico de la obra escultórica).

La capilla, derroche de mármoles y jaspes de colores, recuerda a un teatro en el que el Éxtasis de Santa Teresa hace las veces de escenario.
Santa Teresa, en trance, espera que el ángel de enigmática sonrisa (entre maliciosa y beatífica) traspase su corazón con la lanza de fuego. Santa Teresa escribió al respecto: “Tan real era el dolor que suspiré varias veces en voz alta y, sin embargo, era indescriptible dulce, de forma que no podía desear verme librada de ello”.

El éxtasis conlleva el cuerpo desmayado, el abandono de los pies y manos, la cabeza caída hacia atrás, los ojos cerrados, las aletas de la nariz abiertas y la boca entreabierta en un quejido.

Ilumina la escena una ventana de cristal amarillo oculta, que contribuye a crear la sensación de que el sol se materializa en el haz de rayos dorados que envuelve a los personajes.