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domingo, 29 de marzo de 2009

MUCHACHAS CON FLORES DE MANGO


Las Muchachas con flores de mango de Gaughin de 1899. Se trata de una obra en la que los contornos de las figuras están claramente delimitados por líneas negras y donde los trazos curvilíneos (de vestidos, pechos y bandeja) predominan en el cuadro.

Dos muchachas ocupan gran parte de la superficie del cuadro; se muestran relajadas y naturales, lo cual ayuda a fijar la mirada en la bandeja de flores de mango, situado en el centro del cuadro. La ausencia de motivos decorativos en el fondo contribuye a destacar las figuras de las chicas y confiere un cierto aire de intemporalidad a la escena.

Una muchacha tahitiana sostiene una bandeja de flores de mango, mientras otra lleva en sus manos un puñado de flores. Esta obra no es una simple representación de dos mujeres sino la plasmación de la armonía y la sencillez de la vida de su pueblo y de todos los que viven de acuerdo con la naturaleza. Gauguin huyó de la sociedad parisina con el objetivo de encontrar otra que estuviera integrada en la naturaleza, donde la gente fuera más autentica y no estuviera adulterada por el progreso. No tardó en darse cuenta de que lo que buscaba sólo estaba en sus deseos.

LA GRAN BAÑISTA


La gran bañista es una obra de Ingres de 1808 donde aparece la figura de una mujer desnuda, de líneas sinuosas, dibujo exacto y pureza de formas. La composición está dominada por la figura de la mujer desnuda, siendo mínima la escenificación: una cama cubierta por una sábana blanca y un cortinón verde oscuro a la izquierda. El torso femenino está realizado con un gran refinamiento de contornos y de colores. La mujer está iluminada por los reflejos difusos de la toalla y del turbante que limita con líneas arabescas. La luz se concentra en la espalda de la mujer. Presenta el ideal de belleza femenina de Ingres, a pesar de apreciarse algunas incorrecciones anatómicas como la planta del pie hinchada, la excesiva delgadez de las piernas y la ausencia de caderas. Predominan los tonos cálidos de la piel de la mujer, que contrastan con el blanco puro de la sábana y el verde oscuro de la cortina.

LA LIBERTAD GUIANDO AL PUEBLO


La Libertad guiando al pueblo es un cuadro pintado por Delacroix en 1830. "He emprendido un tema moderno, una barricada, y si no he luchado por la patria, al menos pintaré para ella ". Dijo Delacroix refiriendose a esta obra.

Delacroix representa a la Libertad como guía que conduce al pueblo, enn forma de mujer con el torso desnudo. La figura de la Libertad recuerda a la Venus de Milo y a la Victoria de Samotracia.

LA LAVANDERA


La Lavandera de Honoré Daumier de 1863, nos muestra el retrato de las clases humildes parisinas durante el segundo imperio (Un vagón de tercera) donde se aprecia el sufrimiento por el trabajo agotador que desempeñan. A pesar de esto puede apreciarse que la lavandera es fuerte, robusta, lo que reflejaría su consideración como una heroína, un «monumento a la honradez». Este cuadro se trata de una exaltación de la mujer, trabajadora y madre a la vez. Se representa como centro del cuadro a una mujer solitaria y trabajadora, que ha terminado su jornada y sube las escaleras, desde las orillas del Sena, dando la mano a un niño. Va cargada con un fardo en el que lleva ropa. Detrás de ella se ven las casas brillando esquemáticamente a la luz vespertina.

LAS ESPIGADORAS


Las Espigadoras de Millet de 1857. En esta obra se pueden observar a tres campesinas, situadas en primer plano, que destacan con nitidez en un campo de grandes dimensiones donde el sol y el calor hacen todavía más fatigosa la recogida de las espigas. Al fondo del cuadro se observa una pequeña figura a caballo que controla la actividad de los campesinos. Las robustas figuras de las mujeres de la izquierda describen ángulos rectos y se proyectan hacia el suelo, mientras la otra espigadora, al levantar el cuerpo, se orienta hacia arriba y su cabeza queda justo en la línea del horizonte.

Esta obra supone el prototipo de pintura realista ya que aparecen tres campesinas, retratadas sin ningún tipo de idealización que recogen con fatiga espigas al sol. En verano hay que segar el trigo, recoger las espigas y realizar otras muchas labores agrícolas. Por la actividad que llevan a cabo las mujeres y la iluminación de la escena, es posible deducir que el cuadro se desarrolla en esta época del año. La dureza de la vida del campo se encarna en estas tres espigadoras anónimas, que desarrollan un trabajo monótono durante una jornada inacabable y con el convencimiento de que el día siguiente será igual. El lienzo muestra así, una cruda visión de la penosa situación de los campesinos.

La novedad del tema y la conflictividad social de la época hicieron suponer que Millet pintaba con una clara intencionalidad política, cerca del socialismo. El hecho de que representara campesinos, pero no obreros, que tenían un trabajo tanto o más duro, parece contradecir esta interpretación, nunca le interesó el campesinado como clase social: solo se fijaba en la dignidad y el simbolismo de las gentes.

REALISMO


La pintura del S-XIX estuvo muy influenciada por el contexto histórico con su historia: se dejó influenciar por el fenómeno político francés, la ruptura con el tradicional artista que muestra lo que la monarquía y su aristocracia pretenden. El mundo no está en orden, y eso pretende mostrar el nuevo arte, al mismo tiempo que propone un nuevo orden: el Romanticismo. Allí donde el Neoclasicismo propone una belleza ideal, el racionalismo, la virtud, la línea, el culto a la Antigüedad clásica y al Mediterráneo, el Romanticismo se opone y promueve el corazón, la pasión, lo irracional, lo imaginario, el desorden, la exaltación, el color, la pincelada y el culto a la Edad Media y a las mitologías de la Europa del Norte.
Hacia mediados de siglo hay una vuelta al Racionalismo como fuente de inspiración. El notorio desarrollo industrial provocado por la Revolución Industrial, sus "efectos secundarios" y la frustración con los estímulos revolucionarios de 1848 llevan al artista a olvidarse del tema político y a centrarse en el tema social.
El manifiesto realista comprende que la única fuente de inspiración en el arte es la realidad, no existe ningún tipo de belleza preconcebida más allá de la que suministra la realidad, y el artista lo que debe hacer es reproducir esta realidad sin embellecerla.