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domingo, 29 de marzo de 2009

GUERNICA




En el Guernica de Picasso de 1937 también aparece la figura de la mujer como sufriente de la barbarie humana. Su gran preocupación fue la expresión del dolor, evidente en los numerosos esbozos realizados para la madre con el niño muerto en brazos. Finalmente construyó un rostro desgarrado en el que la forma misma de los ojos parece una lágrima que se desborda más allá de sus cuencas; la boca permanece desmesuradamente abierta, con los dientes salidos y una lengua afilada que emerge desde el interior.

SEÑORITAS DE AVIGNÓN


Las Señoritas de Avignon de 1907 es un cuadro de grandes proporciones (244 x 234 centímetros) que representa a las burdel barcelonés. Picasso rompe con la norma de que una imagen se ha de representar desde un punto de vista único, a la vez que altera la forma tradicional de tratar el desnudo femenino.
Las mujeres se distribuyen en un interior sin profundidad, delimitado por una cortina. Esta cortina genera un espacio indeterminado, que aboca a todas las figuras al primer plano; de manera que parece que las mujeres estén en un escaparate o en un escenario.
Las mujeres están caracterizadas como figuras terribles. Las tres mujeres de la izquierda exhiben orejas largas y ojos almendrados, mostrando dos de ellas, a la vez, el rostro de frente y la nariz de perfil. La figura agachada, inspirada en el arte africano, impresiona por su rostro deforme de ojos fijos y asimétricos, pintados en colores contrastados y por la nariz curvada como una hoz.
Pero lo más revolucionario de esta figuras es que se muestra simultáneamente desde dos puntos de vista, de espaldas y de frente.
Los cuerpos desnudos de las mujeres están encajados y desencajados (los pechos se reducen a agresivas formas geométricas).
No se relacionan entre ellas sino con el espectador, al que interpelan con sus miradas y gestos.

LA RAYA VERDE


La raya verde de Matisse de 1905 pertenece a la corriente pictórica del Fauvismo donde el pintor representa sensaciones o vivencias a través del vigor cromático y da vida y luz propia al cuadro por medio de los contrastes. La elección de los colores es arbitraria, pues no coinciden con la realidad.

Aparece la esposa de Matisse de medio busto para arriba y con el rostro levemente ladeado. A pesar de la intensidad cromática, la obra transmite calma. El artista ha simplificado las formas de su mujer reduciéndolas a lo que es meramente esencial, sin dejar nada gratuito. La raya verde no está situada de forma arbitraria: muestra, en el rostro femenino, la separación entre el espacio iluminado y el sombreado. En lugar de pintar de forma convencional un lado oscuro y el otro iluminado, Matisse traduce la luz a colores, de manera que el lado de tonos fríos simula la parte en sombras y el lado de los colores cálidos, la iluminada.
La intención del pintor al pintar este cuadro no era reflejar el rostro de su mujer, sino reproducirlo tal y como él lo veía; es decir plasmar su propia vivencia interior.
En sus pinturas, redescubría la realidad. Cuando una señora le dijo en una exposición, refiriéndose a la figura femenina: “estoy convencida de que el brazo de la mujer es demasiado largo”, Matisse contestó: “Se equivoca señora, esto no es una mujer, es un cuadro”.

VANGUARDIAS

Hacia finales de siglo y comienzo del siglo XX se podía ver una gran variedad de vanguardias. El punto máximo del individualismo implicaba que cada artista debía promover su propia vanguardia, que afirmaba, de carácter universal y verdadero. El postimpresionismo, el puntillismo, el simbolismo pictórico, el expresionismo, el cubismo, el fauvismo, el surrealismo, el futurismo darían cuenta de una sociedad que vive en la revolución por la revolución, la vanguardia por la vanguardia, la universalidad por la universalidad. Una sociedad donde el los plazos son cada vez más pequeños, el ritmo cada vez más rápido.